
Miguel es guapo, de Salamanca y con un finísimo sentido del humor. Aprendió (o eso creo) el sentido del ritmo de Costafreda y nos dejó a todos enamorados de su presencia, contagiados por su miarada atenta (que se la robó a las marujas en las fruterías, a los niños en el cielo).
Me pierdo en las innumerables calles
entre la gran ciudad
recuerdo aquellas tardes las farolas
en la negra penumbra
esas sombras, gigantes rascacielos
un eclipse total
(y sol de media noche).
Segovia, 21 de julio de 2007.
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